HISTORIA
LAS CONQUISTADORAS
TERESA PIOSSEK PREBISCH
(Edición de la autora - Tucumán)
En el siglo XVI, las figuras visibles en América eran el conquistador, el vecino feudatario y encomendero, el clérigo, o sea el hombre. Opacada socialmente por la figura masculina, poco se sabe de la mujer y su llegada a América. En este sentido, resulta de interés el tema que aborda la autora al poner de manifiesto la emergencia femenina en el espacio público de esos siglos. Y lo hace en un relato ágil y colorido.
Provenientes en su mayoría de Andalucía, de Castilla y Extremadura, "las conquistadoras" salían de la península con la esperanza de "tomar estado" en América. Si bien el conquistador se amancebaba con la india, en el momento de formar familia legítima prefería la mujer española, no solo por razones de índole cultural, sino porque a la hora de alcanzar una buena posición la unión con la india incidía negativamente.
Analiza Piossek que vinieron toda clase de mujeres, tras realizar engorrosos trámites para obtener el permiso de la Casa de Contratación y reunir lo necesario. Cabe imaginar lo difícil de la travesía en 120 días en naves muy precarias y donde se contraían enfermedades y abundaban las alimañas.
La autora cita documentos, cartas, que ejemplifican con claridad sus afirmaciones. La tarea se dificultó porque el material que sirve de fuente fue compuesto en una época que se otorgaba decidida preponderancia a lo masculino y consideraba como segunda categoría lo femenino. Sin embargo, hubo mujeres que alentadas por la esperanza de una nueva vida en América demostraron coraje, entereza y capacidad de trabajo sostenido y adaptación.
Mujeres de temple
Afirma la autora que las españolas que vinieron "no pertenecían a ese sexo femenil y lacrimoso" sino que eran de temple, capaces de luchar y defenderse. Advierte asimismo que, si bien descubrimiento y conquista pudieron consumarse sin la intervención femenina, la empresa era imposible en cuanto a la colonización. En esta última etapa la mujer influyó decisivamente en asuntos de carácter social y moral y en los intereses de la vida cotidiana, contribuyendo a imprimir el sello de la cultura de la que era portadora. Fue símbolo de un ideal y efectivo agente ordenador y cristianizador de la sociedad.
No descuida Piossek mencionar las beatas y su labor educativa continuada por monjas y seglares.
La obra despierta el interés de aquellos apasionados por la historia de las mujeres y el desafío a un mundo caracterizado por la sumisión femenina. Emerge la mujer como soporte de emprendimientos de envergadura y del orden social americano.
ELENA PERILLI DE COLOMBRES GARMENDIA
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